
Las personas están sordas... y no lo saben.
Escuchan, oyen ruidos, pero no se detienen a preguntar; viven en silencio con su delirio de perfección.
Pronuncian sonidos que no entienden, y no callan fácilmente.
Las personas están sordas... y no lo saben.
Cada día se llenan de sus problemas, el viento o el llanto sólo se diferencian por sus letras, no por sus sonidos.
Detenerse y escuchar, no existe en su mundo.
Sus murmullos son risas incoherentes en su tiempo de insatisfacción.
Los lamentos de su ser son gritos, que para otros serán silencios.
Las personas están sordas... y no lo saben.
Su dicha se manifiesta en movimientos eternos que expresan lo que no son, y sus notas musicales son alegorías tranquilizantes, más no amor al arte.
Todo en el mundo se hace antropocéntrico, y su ego termina creando debates para su propia condición.
Volverán....
¿Volverán?.
Esos sonidos imperceptibles que claman por ser oídos, ya no volverán.
Y las valientes metáforas, en su tiempo, de repente morirán.
Se ahogarán los sonidos, haciéndose movimientos, y el mundo, lleno de éstos, dejará de latir.
O, tal vez, dejó de existir hace tiempo, cuando las personas empezaron a volverse sordas, y a caminar hablando sin escuchar.
