8 de octubre de 2010

Inexplicable Amor


Una fúnebre obscuridad toca hoy mis mejillas, corre por mis venas y asesina mi razón.

Cálida luna de octubre, creciente y brillante, amante y demente, ahora apoya su frustración en mi agonía, volviéndolo todo inerte.

Nada, sólo eso, nada.

Mi enfermo corazón ahora recita sonetos sobre muerte, sólo eso, muerte.

Amor a la muerte, explicación maléfica y vacía del hombre, que la acosa con una capa de destrucción.

Música de cuerpos mutilados, música y cantos radiantes, música siniestra de emoción.

Sesenta y cinco poemas lúgubres llegan a esta noche convirtiendo el dolor en mi dolor.

Sesenta y cinco poemas para este inexplicable amor.
Muerte, delirio por la muerte, llanto celestial, inestable sensación.

Invisible misterio de la sencillez de la vida, cálida caricia de la crueldad, movimiento alterno por una pasión.

Muerte, inexplicable amor, suave amargura que corta mi dolor, suave mentira para las mentes del ayer, arrogante ternura en tu piel.

Amor a la muerte cala en mi pesar, sintiendo que con tu inevitable muerte me podré doblegar.

Después de la muerte de una inconclusa emoción de un otoño tormentoso, no existe nada más en mi mente, ni en tus ojos ahora cerrados, más que un inexplicable amor por el cuerpo en este sepelio que permanece inerte

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