
Con un suave aliento en tu almohada,
sollozas ferviente en esta habitación;
El terror en tus ojos se inunda en lágrimas,
y tu piel se transforma en una temblorosa emoción.
El sudor se esparce en tu frente al acercarte a mí,
rodea tu pecho y rompe en odio;
Y la fiel daga brillante en mis manos,
tirita de éxtasis por tal escena en este atardecer.
Baila conmigo una vez más querido corazón,
ámame esta tarde como cualquier otra;
Ámame esta última tarde para que con ansias te diga
“Déjame matarte esta noche”.
Te explicaré mi verdadera agonía;
Al saber de tu rechazo total, al saber que hoy te ibas,
decidí tomar tu vida entre mis brazos,
y cubrirte en el puro y fétido dolor que me resulta el verte.
¡OH Amado mío! Déjame matarte esta noche,
déjame colocar la daga en tu cruel corazón,
déjame beber tu sangre,
déjame compartir mi dolor con el tuyo para fundirnos en uno solo.
Déjame ahogar tu maldita equivocación y mi vana esperanza,
y con la luna blanca sobre tu cuerpo esparcido,
y así te hagas presa de mi recuperación.
Esta tarde los ruegos se acabaron,
sólo existe una sola petición,
“Déjame matarte esta noche”
Más sólo rechazos esa tarde pudo haber,
más mi fiel lamento no podía callar esta vez.
Mi daga ruega por tu sangre estremecer,
para terminar luchando y convertir todo al fin,
en un fúnebre amanecer.
Locura esta noche, una enferma locura que le ha ganado al amor,
una fina locura a favor del dolor,
esa asquerosa locura, convertida en mi mente en placer,
ya caída con tu cuerpo en mis brazos, sólo tirito ahora...
“Déjame matarte esta noche…”
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