6 de septiembre de 2010

La Máquina Perfecta


La máquina perfecta humana, podría ser yo. Un ser adecuadamente armado dispuesto a escuchar en todo momento, a sentir empatía con cualquier persona en el mundo, a dar un consejo inmediato y a ser olvidada después de ser usada, hasta que se pueda volver a utilizar.

Esa era yo, una máquina perfecta.

No me quejaba, vivía una vida común y corriente para las demás personas, personas para las cuales, yo significaba mucho en el momento más horrible de sus vidas, y significaba nada en el momento más excelso de sus vidas.

Supongo que sobrevivía de las sonrisas de las personas después de un consejo bien dado y del suficiente tiempo que me dejaban después de que me dejaban de usar.

Hasta que un día, conocí a otra máquina perfecta.

Esa máquina funcionaba de la misma forma que yo. Escuchaba, daba consejos, y cerraba la boca hasta que volvieran a requerir de sus servicios. Era una máquina compleja, además de cumplir su función, empecé a descubrir que no necesitaba mucho para vivir, además de que no pedía nada a cambio de sus servicios.

Esa máquina me interesó.

Todos los días trataba de entender su funcionamiento, y a su vez, la máquina también trataba de entender el mío. Pasamos días enteros disfrutando escucharnos y comparando nuestra manera de comportarnos ante nuestros "clientes".

Había encontrado algo que había sido capaz de interesarse en mí. Había descubierto al fin, cómo es que se sentía ser escuchada y compartir más que un consejo.

La máquina y yo hasta ahora hemos descubierto más del funcionamiento de cada uno, las bases y la manera de pensar, y hasta hay veces en las que trabajamos juntos o compartimos personas.

Es algo bastante curioso.

Y así... ha sido desde ese entonces...gracias a mi compañero...he logrado más....he sido escuchada, he encontrado un remedio infalible para ser comprendida y comprender al mismo tiempo...

Como las máquinas que somos, cerramos los ojos, pero no nuestros oídos, y entre más obscuro el rededor, más se agacha la cabeza...mientras más profundo el agujero, más alta es la cima a lograr.

Entre máquinas se quedan las palabras...sin viento, con vida...sin miedo...

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